jueves, 19 de diciembre de 2024

LA BAUHAUS Y MINIMALISMO

Puerta de Brandemburgo (Bauhaus)
Puerta de Brandemburgo (Bauhaus)

Bauhaus y minimalismo: diseñar para vivir con lo esencial

Siempre me ha cautivado cómo la Bauhaus y el minimalismo, aunque nacidos en contextos y décadas diferentes, comparten una misma búsqueda: simplificar. Hacer del arte, del diseño y de la vida cotidiana algo funcional, accesible, sin exceso.

La Bauhaus enseñó que el diseño puede ser humano. Transformador. El minimalismo, por su parte, lo dijo en una frase inolvidable: “menos es más”. Juntos, creo que cambiaron no solo cómo vivimos, sino también cómo entendemos el mundo.

La Bauhaus: un laboratorio de ideas

La Bauhaus vivió apenas catorce años, pero fue suficiente para dejar una huella profunda. Redefinió la relación entre arte, diseño y sociedad. Su impacto se ve en la arquitectura, el mobiliario, la tipografía, el diseño industrial. Fue breve, sí, pero poderosa.

Surgió en la Alemania de 1919, recién salida de la Primera Guerra Mundial. Walter Gropius fundó la escuela en Weimar con una idea clara: unir arte y producción industrial. Quería que el diseño fuera accesible, no para las élites, sino para todos.

Aprender con las manos

Uno de los aspectos más interesantes de la Bauhaus es su modelo educativo. Rompió con la separación entre artistas y artesanos. Aquí trabajaban juntos, diseñaban y construían. Diseñar no era solo imaginar; era hacer.

Imagino a esos estudiantes uniendo forma y función, aprendiendo en talleres de cerámica, textil o carpintería. Diseñando para la vida real.

Minimalismo: una herencia transformada

El minimalismo tomó muchas de esas ideas y las llevó más lejos. No nació directamente de la Bauhaus, pero comparte su filosofía: claridad, funcionalidad, esencialidad.

En arquitectura y diseño, se traduce en líneas limpias, formas geométricas, ausencia de ornamento. Todo está al servicio de lo esencial. Mies van der Rohe, con su célebre frase “menos es más”, lo resumió todo. Su Pabellón de Barcelona es un ejemplo perfecto.

Incluso en la literatura encuentro ecos de esa misma idea: reducir a lo esencial, contar lo justo. La Bauhaus nunca tocó la literatura, pero su espíritu de síntesis está presente en muchas formas de narrar hoy.

Vivir con menos, vivir mejor

En mi vida cotidiana también siento esa influencia. Simplificar. Quedarme con lo que importa. Menos cosas, más significado.

La Bauhaus diseñaba objetos funcionales y duraderos. El minimalismo propone algo similar como estilo de vida: ordenar lo que nos rodea, pero también lo que somos.

Artistas, formas y un nuevo lenguaje visual

La Bauhaus estuvo nutrida por grandes artistas:

  • Kandinsky y Klee, que exploraron el color y la geometría.
  • Moholy-Nagy, pionero en fotografía, cine y medios experimentales.

Fue un verdadero laboratorio moderno. Se experimentaba en diseño textil, tipografía, escultura, mobiliario. Las ideas se convertían en objetos.

Con el tiempo, la tecnología se volvió aliada. Para democratizar el diseño, había que hacerlo reproducible. Llegar a muchos, no solo a unos pocos.

También influyeron otros movimientos como el neoplasticismo, con líneas rectas, colores primarios y formas puras. Todo esto nutrió el lenguaje visual de la Bauhaus y, más tarde, del minimalismo.

Conclusión: una filosofía que sigue viva

La Bauhaus y el minimalismo no son solo estilos. Son formas de ver y estar en el mundo. De quitar lo que sobra. De diseñar —y vivir— con intención.

Ambos movimientos comparten una misma raíz: buscar lo esencial para transformar la vida. En el arte. En los objetos. En las palabras. Y en la manera en que habitamos el espacio y el tiempo.


Etiquetas: bauhaus, minimalismo, diseño industrial, estética funcional, arquitectura moderna, arte del siglo XX

FRENCH CONNECTION

 


La French Connection no terminó; solo cambió de sitio, como un río que encuentra otro cauce.


Desde joven, me atrapó la historia de la French Connection. Supe de ella por la película de 1971. Gene Hackman, Roy Scheider y Fernando Rey. Una joya del cine. Realismo puro. No sé si los más jóvenes la habrán visto. Deberían.

La vi en el cine. Llevaba pocos años en la policía. Algunas escenas me resultaron familiares. Vigilancias en coche. Seguir a alguien a pie, sin que te note. Claro, en mi caso no eran narcotraficantes. Pero ese mundo me interesó. Lo pensé en aquel momento y lo dejé ahí. Diez años después, trabajé en la lucha contra el tráfico de drogas. Muchas historias. Demasiadas.

La película cuenta algo real. Un coche, 50 kilos de heroína. Nueva York. Los policías Sonny Grosso y Eddie Egan. El detenido era un presentador francés: Jacques Angelvin. Los policías ayudaron al director. Por eso parece tan auténtica.

Durante la pandemia, volví al tema. Leí un libro de Alexandre Marchant, un historiador francés. Desmonta mitos: que la organización era perfecta, que Marsella hacía la vista gorda, que la destruyeron en los años setenta. Marchant dice que las mafias se adaptaron. Cambiaron de lugar. Siempre encuentran la forma. Entre las páginas 89 y 112 del libro lo explica todo.

Yo ya sabía que algo relacionado con esto había ocurrido. Lo de Valencia en 1971. Un coche. 113 kilos de heroína. Era de la organización marsellesa. Esto pasó dos años antes de que ingresara en la policía. Más tarde, revisé los archivos. Hablé con Antonio López, mi jefe en estupefacientes entonces. Un amigo. Murió hace tiempo. Guardé esas notas casi treinta años. Cuando me jubilé, pensé en escribir. No la historia real. Otra. Ficción. Inventada. Bueno, casi. Algunas cosas se parecen. Otras, no.

Primero hice una novela: La Conexión Valenciana. La publiqué. Era correcta. Pero me di cuenta de algo. Parecía muy policial. Así que la reescribí. Isidoro Arizmendiarrieta me ayudó a darle más forma literaria. Fue clave. Esta versión se llamó La Ruta del Caballo. Tenía dudas si publicarla. Finalmente la rehíce y la publiqué con el título Valencia en la Red.

La que escribí durante la pandemia es breve. Directa. Regalé algunos ejemplares a amigos. Cuatro me dieron su opinión. No se conocen entre ellos. Todos dijeron lo mismo: que les gustó. El resto no la han leído o no quieren darme su juicio. Esas palabras de aprobación me dieron ánimo. Después de reescribirla pensé en una segunda novela. Uno de los personajes de La Ruta del Caballo. Finalmente, de aquel inicio, van cuatro publicadas que se encuentran en la colección Sombras en el Levante.

La primera que publiqué y me motivó es:

Valencia en la Red: Mafia y Policía en los Años 70

Disponible en Amazon aquí











 




Etiquetas: French Connection, novela policial, narcotráfico, cine clásico, Gene Hackman, tráfico de drogas, Valencia, crimen real

EXPOSICION JORUCA


La mediocridad no conoce nada que le sea superior, pero el talento reconoce inmediatamente al genio.


Fiodor Dostoievki 





Un homenaje a la pintura de Vicente


Ayer, 18 de mayo de 2023, asistí a la inauguración de la exposición de pintura de mi amigo y consuegro Vicente. Ya conocía su obra y había visto anteriormente algunas de sus pinturas realistas, pero en esta ocasión quedé realmente impresionado al comprobar la calidad de sus nuevas piezas, enmarcadas dentro de lo que han denominado estilo “jorucassiano”.

No fui el único que terminó perplejo ante esta excelente colección de pinturas, centrada en una temática muy nuestra: la fiesta taurina, esa expresión tan arraigada en nuestra cultura.

Me sorprendió especialmente la originalidad de la propuesta y el colorido vibrante que desprendían los lienzos. Descubrí también que la influencia de Picasso está presente de forma clara y coherente en cada uno de sus cuadros, dejando una huella estilística que enriquece la obra sin perder su personalidad propia.

Enhorabuena, Vicente. Que tu obra siga alegrando a tus amigos y, por supuesto, al público en general.












CARPE DIEM



Dios creó el tiempo, pero el hombre creó la prisa.

— Proverbio irlandés


Muchavista: donde llegué y ahora descanso

Desde que llegué a Alicante en el año 2000 por trabajo, la Playa de Muchavista, en El Campello, se convirtió en mi refugio de calma. Más de veinte años después, ya jubilado, sigue siendo parte de mi rutina diaria.

Muchavista, con su arena ancha y el sonido constante del mar, es ideal para quienes buscamos tranquilidad. Caminar por su paseo es casi como detener el tiempo. Los inviernos aquí son silenciosos. En verano, la playa revive con familias, niños, visitantes. Pero incluso en esa agitación, hay una paz que no se rompe.

El pueblo ha cambiado. Hay más edificios, más restaurantes. Pero su esencia sigue intacta. Compartir una paella, pasear al atardecer, sentarse sin mirar el reloj... sigue siendo un pequeño ritual cotidiano. Uno de mis rincones favoritos es la Cafetería Valor. Con un chocolate o un helado frente al mar, repaso recuerdos y agradezco lo que tengo.

El municipio ha crecido, pero el mar en Muchavista sigue igual. El horizonte no se mueve. Las olas suenan igual. Esa constancia acompaña, reconforta. Muchavista no es solo una playa. Es donde llegué hace más de veinte años, y donde ahora descanso. Donde camino, pienso y respiro.

Un lugar que ha cambiado a su ritmo, como yo.


Video 1: Entrevista sobre historia

Video 2: Reflexión histórica adicional

Etiquetas: Carpe diem, vivir el presente, filosofía estoica, urgencia vital, diario reflexivo, vida cotidiana, motivación diaria